El título y el tema en propósito cumplen dos objetivos diferentes. El tema es la viga
principal del andamiaje homilético. Pero no todos los temas son atractivos y despiertan curiosidad a la vista u oído de los oyentes. De ahí que el título tiene un propósito especial de dar promoción o de anunciar el sermón.
Muchos temas sirven las veces de títulos, pero lo más correcto es que cada sermón tenga su título y exponga el tema. Un buen título se puede recordar muchos años.
1. El título debe ser interesante. Muchos predicadores emplean títulos que son ambiguos, oscuros y confusos. De los predicadores de siglos pasados podemos aprender a usar títulos. Otros predicadores como Luis Palau y Billy Graham, son muy buenos en el uso de títulos llamativos.
Por ejemplo D.L. Moody empleó en sus sermones títulos como estos: La compasión sin
límites de Cristo; Una palabra, El evangelio; El cielo y cómo llegar a él. El famoso predicador C.H. Spurgeon empleó algunos títulos como los siguientes: Verdadera comida y verdadera bebida; La voz de la sangre; El jardín de Dios; Un descanso para los cansados; Un gran evangelio para grandes pecadores; Del estercolero al trono; Una visita a la tumba. El evangelista Billy Sunday empleaba títulos muy peculiares: Nueces que. los escépticos tienen que romper; El detective de Dios; Súbete al vagón de agua; Hogar, dulce hogar.
2. El título debe ser fácil de recordar. Hay predicadores que al anunciar su título uno tiene la impresión de que están dando la introducción al sermón. Muchos títulos largos se olvidan tan pronto el predicador termina de decirlos.
3. El título debe estar relacionado con el tema. El mismo arroja luz sobre el tema. Su propósito no es alejar al oyente del tema sino acercarlo al mismo. Si un predicador no puede o le es difícil formular un título apropiado, lo mejor es que use el tema como título. Muchas veces el título puede ser tomado de alguna frase del pasaje bíblico. Este ha sido un método favorito de muchos predicadores para dar títulos a sus sermones. Esas frases bíblicas las más de las veces sirven de tema y título.
4. No se debe abusar del título. Son muchos los predicadores que citan más el título que el texto bíblico. El contenido de su sermón está basado en el título y no en la revelación del texto. El título no se debe convertir en mula homilética.
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